Era Noelia, quien se veía demacrada y afligida.
Llevaba días buscando la forma de acercarse a Álvaro.
Primero intentó colarse en su habitación del hospital, pero la seguridad era demasiado estricta.
Recordaba con angustia cómo, tras confesarle a Álvaro que él era «un sustituto», había provocado la ira de los ancianos de la familia Rojo. Si se presentaba sin haber calmado antes a Álvaro, esos dos viejos implacables podrían cebarse con ella de mil maneras.
Al final concluyó que la única vía para v