240. LA DESESPERADA SITUACIÓN DE LILIAN

LILIAN:

Sigo escuchando cómo le informan a Demon que parecían los mismos que vieron en la ciudad, los hombres de su papá, que los venían siguiendo. También avisó de que venía otro grupo mayor, tenían que irse.

—Ese debe ser el Capo di tutti i capi. ¡Maldición! ¡¿Cómo se enteró tan rápido de dónde se había metido Damián?! —rugió Damon, pateando con furia—. ¡Vámonos, no podemos dejar que nos atrapen!

—¿Qué hacemos con Damián, jefe? —escuché aterrorizada—. Si lo dejamos, morirá de seguro. A lo mejor, si lo torturamos, nos dice dónde la tiene.

—¡Déjalo ahí, no hablará! Si es verdad que ella salió con él de Roma, debe haberla dejado en sus casas de la ciudad —dijo Damon, alejándose—. ¡Prendan fuego a todo para que los demás no encuentren pistas!

Los escucho marcharse, espero un rato hasta que no se oye nada cerca. Empujo la puerta con todas mis fuerzas hasta que logro casi abrirla. Salgo y recostado a ella yace Damián herido. Me mira y trata de sonreír.

—¡Damián, por Dios! ¿
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