159. DE CAMINO AL SIMPOSIO
Fruncí el ceño. Me removí incómoda en el asiento y solté un suspiro que era más un intento de liberar la presión acumulada en mi pecho mirando mis manos, las mismas manos que habían sostenido un bisturí tantas veces, pero que ahora solo podían recordar la mancha de la sangre de anoche como esta.
—¿Cómo sabes eso? —protesté sintiéndome frustrada. ¿Por qué este hombre era así desde que lo conocí? Y lo peor no era eso… Sentía que él sabía más de lo que yo misma conocía de mí, y eso me ponía de los nervios.
Sentía su mirada fija en mi rostro, evaluando, analizando. Alessandro siempre parecía estar dos pasos por delante de mí, sentía que podía leer mis pensamientos que no me atrevía a decir en voz alta.
—Lo sé, como sé que lo que iniciamos anoche lo voy a terminar yo, nadie más —sentí como mi rostro volvía a ser rojo. —Te enseñaré para que no vuelvas a tener miedo. Iré despacio en un lugar donde solo estemos tú y yo, y puedas gritar todo lo que quieras, sin preocuparte de que nos esc