La guerra aún no había terminado.
Pero Olivia había ganado la primera gran batalla.
Olivia observaba a Rey con una frialdad que ni ella misma reconocía. Estaba sentada frente a él, en una silla de metal en una habitación de los búnkeres de Nueve, iluminada solo por una luz tenue que caía sobre ellos. Rey, atado y con las piernas inmovilizadas por cuerdas, parecía tranquilo, casi demasiado tranquilo. No parecía preocupado por estar rodeado de hombres armados, ni por el hecho de que su vida pendí