Capítulo 27— Confesiones en la penumbra
Victoria estaba de pie frente a la ventana, mirando el atardecer de Montevideo. El cielo anunciaba una noche larga. Apoyada en el marco, con los brazos cruzados y la mirada perdida en los árboles del parque, no lloraba, pero tenía ganas. Hacía meses que no se permitía derramar una lágrima. Aún no.
Sus hombros, sin embargo, parecían sostener un edificio entero.
La puerta se abrió con un roce contenido. Un golpecito leve.
—¿Puedo? —preguntó Samuel, q