Capítulo 26 — La duda crece
La tarde en la mansión Montaldo fue un torbellino. Samuel y Victoria regresaron del hotel en silencio, con un aire tan espeso que podía cortarse con un cuchillo. No habían discutido a gritos, pero sí con frases cortantes, puñales disfrazados de palabras que herían más que un grito.
Subieron juntos la escalinata, hombro con hombro, pero sin rozarse. Samuel rompió el silencio primero, con voz grave:
—Tenemos que hablar, Victoria. Yo no hice…
Ella lo fulminó con la m