CAPÍTULO — El consejo de un hombre que ya caminó el fuego
Samuel llegó entrada la tarde, cuando el sol empezaba a caer. Cerró la puerta con cuidado, como si no quisiera hacer ruido ni siquiera con su propio cansancio, dejó las llaves sobre la mesa y se quedó unos segundos de pie, inmóvil, con los hombros caídos y la mirada perdida en ningún punto concreto.
Ernesto lo vio antes de que Samuel se diera cuenta de su presencia.
Estaba sentado en el sillón del living, con una manta liviana sobre la