.
CAPÍTULO — La herencia de los Castro
Pasaron apenas unas horas desde que Samuel salió del hospital con el cuerpo en piloto automático y la mente saturada de nombres, culpas y silencios heredados, cuando el teléfono sonó con una insistencia que no admitía postergaciones. Al atender, reconoció de inmediato el tono profesional, neutro y definitivo del abogado de Héctor Castro, un tono que no traía consuelo ni sorpresa, solo consecuencias.
El abogado fue claro, preciso y frío, en esa forma que so