Capítulo — La primera noche en casa de Felipe
La mansión Montaldo respiraba diferente esa noche. El eco solemne de los pasillos, tantas veces cargado de silencios pesados, se había llenado de un murmullo nuevo: Ernesto, aunque con esfuerzo, había comenzado a pronunciar más palabras. Palabras sueltas, frases entrecortadas, pero claras.
Para Clara fue como una brisa de vida. Cada sílaba la hacía sonreír, cada gesto de su marido le devolvía veinte años de juventud. Para Victoria, en cambio, era l