Capítulo 07. Mucho lujo, poca resistencia
El lunes a las diez de la mañana, Verónica con traje sobrio esperaba entrar a la oficina del delegado judicial junto a Andrés y su suegra María.
La puerta de madera se abrió y un joven seminarista los invitó a pasar. Un sacerdote de unos 60 años con cara muy seria se puso de pie frente a un escritorio.
—Buenos días.
—Padre Ignacio, gracias por aceptar realizar este trámite —saludó y alabó María de inmediato. Verónica sonrió nerviosa y Andrés se adelantó sonriendo.
—Cómo estás María