Acuarela nocturna II.
El vendaje envolvía el torso de Alan sin ajustarse demasiado a su piel, Stella lo había ajustado evitando tocar más de lo necesario.
El algodón con restos de sangre ya descansaba en el lavabo.
Ella no decía nada. Solo pasaba una mano sobre el vendaje nuevo como si cerrar heridas fuera un oficio que conociera desde niña.
Alan la observaba en silencio, esperando preguntas que nunca llegaron.
Ella no preguntó nada sobre cómo se había hecho esas heridas y eso le sorprendía demasiado, sus cálidas