Mundo ficciónIniciar sesiónDescargué un golpe seco, cargado de rabia contenida, sobre el saco de boxeo. Quería destrozarlo, imaginar que el cuero era el rostro de Ryan Murphy, el maldito actor que, por segunda vez en una semana, me había dejado plantado como a un principiante.
¿Qué demonios pasaba por su cabeza? ¿Acaso no entendía que ser la imagen de MAVE era el pináculo del éxito? Era un imbécil arrogante. Me detuve, con el pecho agitado y el sudor recorriendo mi piel. Me sequé el rostro con una toalla, mi respiración buscando un ritmo que la ira constante me negaba. Presioné el control remoto y la música que retumbaba en las paredes de mi gimnasio privado se cortó, dejando un silencio denso y pesado. Subí a la segunda planta, directo a la ducha. El agua fría apenas logró calmar el fuego que sentía en las sienes. Salí del baño con una toalla rodeando mi cintura, el vapor de la habitación contrastando con la frialdad con la que me recibió la imagen de Dakota frente al espejo, aplicándose un labial rojo sangre con una precisión quirúrgica. —¿Vas a salir? —pregunté, dirigiéndome al walk-in closet para buscar mi ropa de descanso. —Voy a poner un poco de orden en tus desastres, Maverick. Tu incompetencia para manejar a tus talentos empieza a ser un problema. Salí del vestidor, aún con el torso desnudo y la mandíbula tensa. —¿Qué carajos se supone que vas a hacer? —gruñí. —¿Se te olvida que mi mejor amiga es prima lejana de Ryan Murphy? —dijo, sin apartar la vista del espejo—. Mariela da una cena por su cumpleaños esta noche y él estará allí. Es evidente que está dudando sobre el contrato; por eso te evita. Yo me encargaré de cerrar el trato por ti. —Voy contigo. Yo mismo hablaré con él. Dakota soltó una risita cargada de desdén y se puso en pie, ajustándose un vestido rojo que parecía diseñado para atraer problemas. —Si vas tú, no firmará. Se pondrá a la defensiva, dirá que no es horario laboral y te cerrará la puerta en la cara. Él es un hombre, Maverick; sabe cómo tratar con una mujer que sabe lo que quiere. Quédate aquí, yo me encargo. Me dejé caer en la cama, frustrado. —No quiero que piensen que mi esposa es una mujerzuela que cierra contratos a base de coqueteo. —¿Y a quién le importa? —respondió, poniéndose una chaqueta de cuero negra sobre el vestido—. A mí lo único que me importa es que nuestra cuenta bancaria siga aumentando hasta ser, de verdad, la pareja más poderosa de este país. No me esperes despierto. La vi marcharse, su figura elegante perdiéndose en el pasillo. Me quedé solo, apretando la mandíbula mientras intentaba refugiarme en mi libro de estrategia empresarial. Las letras se difuminaban frente a mis ojos. Lo único que me importaba era la victoria, el éxito absoluto, pero me sentía rodeado de gente que no jugaba bajo mis reglas. (...) El sonido de un papel lanzado sobre la colcha me hizo despertar de un sueño ligero y lleno de ansiedad. Eran las tres de la mañana. Sobre la sábana, el contrato con la firma de Ryan Murphy destacaba bajo la luz tenue. Dakota estaba frente a mí, con el maquillaje corrido y un aire de triunfo tan arrogante que me revolvió el estómago. La miré de arriba abajo; se veía cansada, casi acabada tras la noche de excesos. —¿Qué hiciste para conseguir esto? —pregunté, mi voz sonando ronca. —¿Realmente importa el proceso cuando el resultado es el que querías? —respondió, empezando a desvestirse con lentitud deliberada. —¿Te acostaste con él? ¿Sabías que ese imbécil trabajará para mi marca? ¿Quieres que me vea la cara de idiota ante todo el mundo? Me levanté de un salto, el furor nublando mi juicio. La tomé del brazo con firmeza mientras ella apenas llevaba la ropa interior. —¡No nos acostamos, maldita sea! —se soltó de un tirón brusco, clavándome una mirada llena de veneno—. Solo lo seduje, le hice creer que tenía una oportunidad y, cuando estuvo lo suficientemente distraído, firmó. Es así de simple. Ahora, déjame en paz, necesito un baño. Se encerró en el baño, dejándome solo en el caos de la habitación. Me tiré del cabello, sintiendo que la presión en mi pecho iba a estallar. Era sábado, mi día de descanso, y Dakota acababa de arruinarlo por completo, recordándome que, a pesar de mi dinero y mi poder, ella siempre encontraba la forma de tomar el control y restregármelo en la cara. Necesitaba salir. Necesitaba aire fresco y un lugar donde nadie conociera el nombre de mi esposa ni el éxito de MAVE. Tenía que despejar la mente antes de que cometiera una estupidez. Sin decir una palabra más, me vestí con lo primero que encontré y salí de la mansión, buscando en la noche algo que me hiciera olvidar quién era por solo unas horas.






