3. Narra Anastasia
El viernes terminó como empezó: agotador, monótono y lleno de gritos. Me pasé ocho horas siendo el blanco de la frustración de Maverick Kleinman, mi jefe, un hombre cuya belleza física es directamente proporcional a su falta de empatía. ¿Qué culpa tenía yo de que Ryan Murphy no supiera gestionar su agenda? Me pasé el día haciendo cafés, atendiendo llamadas y esquivando sus desplantes, sintiéndome como un mueble más en su oficina de lujo. Lo más irónico es que llevo tres años trabajando en MAVE y, para él, sigo siendo "la secretaria". ¿Es tan difícil recordar que me llamo Anastasia? A veces pienso que soy invisible, o peor, que él simplemente decide que no valgo el esfuerzo de memorizar cuatro sílabas. Su esposa, Dakota, no es mucho mejor. Es una mujer bellísima, pero tiene una forma de ser que apesta, cargada de ese aire de superioridad de quien cree que el dinero le otorga el derecho a humillar a quienes considera "inferiores". Pero cuando llego a mi pequeño apartamento, el estrés
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