Tan pronto como Luis aterrizó, encendió su móvil y vio varias llamadas perdidas, todas de su guardaespaldas.
Devolvió la llamada y preguntó:
—¿Qué sucede?
El guardaespaldas, titubeando, le explicó la situación.
Dentro del coche, con un espacio reducido, Luis frunció el ceño, y después de pensar un momento, dijo simplemente:
—Asegúrate de que ella no se pierda.
Con pocas palabras, demostró la importancia de Dulcinea.
El guardaespaldas asintió.
Luis colgó el teléfono y se frotó la frente, sintiend