Hacia el final, la voz de Clara se quebró.
Realmente sentía pena por Dulcinea.
Luis guardó silencio un momento y luego respondió con frialdad:
—Estoy muy ocupado ahora, no iré. Cuídala bien… Además, díle que no voy a ceder, que ella debe comportarse.
Clara sintió que su corazón se enfriaba a la mitad.
Siempre cuidaba de la señora Fernández y había notado que algunas de sus enfermedades eran fingidas, por eso había rogado por ella hace un par de días. Pero nunca imaginó que el señor sería tan def