Mario puso a Emma en la cuna.
Abrazó a Ana por detrás, le apretó la oreja, y preguntó en voz baja: —¿Por qué no miras tu regalo? Ábrelo y mira si te gusta.
A Ana no le gustaba que la tocara.
Se separó, abrió la caja y vio el pañuelo de rosa.
Mario se la puso y dijo: —¡Te sienta bien!
Llevaba unos días sin tocarla, y al ver que ella se encontraba bien quería intimar con ella. Además, era Nochebuena, prefirió pasar la velada con suavidad.
La abrazó por detrás.
Se puso muy caliente y difícil