Ana se apresuró a volver a casa y, efectivamente, encontró a Shehy sin energía.
La pequeña perra no había comido casi nada durante todo el día, y ni siquiera sus golosinas y juguetes favoritos parecían interesarle.
Carmen estaba visiblemente preocupada: —Puede que esté enfermo. Voy a cambiarme y te acompaño al veterinario.
Ana, sosteniendo a Shehy, le respondió: —Papá no está bien de salud, usted debe quedarse en casa. Iré sola. Además, Carmen, he estado pensando en contratar a una sirvienta do