Capítulo 215
Ana, luchando por liberarse sin éxito, le gritó a Mario: —¡Estás loco!

Pero él, con un leve esfuerzo, la atrajo hacia su pecho. Estaban tan cerca que Ana podía oler el fresco aroma del tabaco y un ligero toque de loción para después de afeitar.

—¿Cómo has estado últimamente?

Mario, apagando su cigarrillo y volviéndose hacia ella, le preguntó con una voz baja y suave.

Ana no le respondió, sus ojos se llenaron de lágrimas: —Mario, ¿qué pretendes? ¡Estamos divorciados, no tienes derecho a tratarme
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