Ana negó con la cabeza y respondió: —No es nada, solo me siento un poco mareada.
Tomó el abrigo que le ofrecía Víctor y añadió: —Me voy a casa.
Víctor asintió y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, sugiriendo: —Te llevo a casa.
Pero Ana, consciente de que Víctor tenía otros compromisos y sabiendo que ambos habían bebido, declinó: —Tú también has bebido, ambos necesitamos tomar un taxi. Estoy bien, lo de los patrocinios...
Víctor le sonrió y la consoló: —No te preocupes, ahí estoy yo,