Leah estaba en el patio cuando la inquietud comenzó a apretarle las sienes.
No era el frío. Ni el encierro parcial. Era el futuro. Ese bloque opaco que se le plantaba delante como un muro invisible. No podía verlo, no podía tocarlo, no podía anticiparlo. Caminó despacio sobre la tierra apisonada, midió cada respiración, como si el aire pudiera romperse si lo tomaba con demasiada fuerza. Mantuvo la mano cerca del vientre sin llegar a apoyarla, un gesto aprendido a base de miedo, como si tocarlo