Dos semanas habían pasado.
Y aun así, la pregunta de Cassian seguía clavada en la mente de Noah como una astilla que no terminaba de salir.
¿Era más caro tenerla ahí… de lo que el Este podía pagar?
No necesitaba responderla con palabras.
Bastaba con respirar.
El olor de Leah se filtraba en el aire incluso cuando ella no estaba cerca. No era invasivo. No era descarado. Era peor. Se había vuelto parte del entorno, como la humedad del bosque o la resina de los árboles. Noah lo percibía sin buscarl