La ilusión de un nuevo porvenir no la dejó dormir. Aunque con ello llegó una nueva opresión. Nuevas angustias.
Leah pasó la noche con el cuerpo tenso, los sentidos alerta, el corazón desbocado. Cada ruido del pasillo la hacía sobresaltarse. Cada sombra proyectada en la pared le parecía una amenaza. A ratos pensó que había sido una locura confiar. Que Liani se había arrepentido. Que el miedo, al final, siempre ganaba.
Nadie tocó su puerta. Otra loba distinta le llevó el té al día siguiente en