Lucian salió al balcón de su habitación con la certeza de que era invencible. No recordaba a cuántos guerreros había matado a lo largo de su vida, mucho menos cuántos aldeanos o cachorros quedaron bajo su sombra. En otro lobo, esa frialdad habría sido monstruosa. Para el Rey Licántropo, en cambio, era virtud. Orden. Poder. Un fiel elemento que se encargaba de la basura. Un guerrero que le ayudaba a no mancharse.
Apoyó las manos en la baranda y dejó que el aire frío le golpeara el rostro. Desde