Pasaron un par de días.
Lucian regresó al territorio como si nada hubiese ocurrido; como si no fuera el causante de la muerte y el sufrimiento de miles. La sangre ya no manchaba su armadura, pero un cansancio mental, profundo, le cobraba factura. Entró a sus estancias sin preguntar por nadie. Sin que el nombre de Leah cruzara siquiera su mente.
Freya sí lo esperaba. Llevaba un vestido azul celeste que marcaba sus curvas y dejaba ver sus pechos, redondos y firmes. Había elegido con cuidado la ho