El día en que el reemplazo del consejero Nya llegó al Este, Cassian tuvo una fea premonición. No era un lobo que se guiara por las apariencias; sin embargo, las perforaciones en la nariz de los recién llegados y sus tatuajes en el pecho, así como otros en los hombros, no eran una simple moda.
Cada símbolo, cada color representaba algo: un sacrificio, una entrega al dios pagano al cual se inclinaban.
—Alfa Noahleem —saludó con respeto, y se inclinó ante él—. Mi nombre es Absalón, soy el enviado