Noah observaba a Cassian con los ojos entrecerrados, y la espalda apoyada contra la pared del cuarto de guerra. Permaneció en silencio, a la espera de una explicación que ambos sabían innecesaria. Lo conocía de toda una vida y también había aprendido a detectar la tendencia dramática de la familia del anciano.
—Solo hablé con ella, como me pediste. Se puso a llorar y le di un abrazo… no duró ni tres segundos. Aparecieron esos malditos y empezaron a acusarme.
El alfa meditó sus palabras.
—Bueno.