La quietud reinó en el área del Este. Aún quedaban lobos nómadas que intentaban infiltrarse para robar alimentos o raptar a las lobas jóvenes, pero ahora contaban con armamento suficiente y soldados entrenados enviados por el Rey.
Gracias a los guerreros de élite, el alfa ya no cargaba solo con la defensa y el cuidado de la manada.
Podía dedicar parte de sus tardes y noches a Leah y a sus hijos. Esa velada en especial era exclusivamente de ellos.
Ella estaba sentada en el suelo, entre sus piern