―¡Parece que una herida no es suficiente para hacer que cierres el hocico! ―Ada estaba dispuesta a clavar de nuevo su navaja. Avanzó unos pasos hasta él, el filo aún manchado de sangre fresca, y cuando iba a dar el siguiente ataque, Cassian la sujetó con fuerza del antebrazo.
El contacto fue brutal. Ella forcejeó con todas sus fuerzas, pero la presión del lobo era inamovible. En cuestión de segundos, el filo del arma reposó peligrosamente contra la piel de Ada, justo a la altura del cuello.
―Su