Lucian se puso de pie; sus botas resonaron contra el suelo. El juego estaba a punto de terminar y daría la estocada final.
—¡Manada mía! —habló con voz fuerte, y los presentes lo observaron atentos—. Este lobo es un violador. Un traidor. Alguien tan vil que fue capaz de pedirme unirse a mí. Es un ser mentiroso y despreciable. Hoy ustedes serán testigos de cómo le arranco la cabeza.
Las palabras de Lucian hicieron que Leah se desconcentrara, más al ver cómo se quitaba su capa y avanzaba hacia e