Leah cerró los ojos con fuerza, y en la oscuridad de su mente no buscó luz, sino toda la ponzoña que su alma acumuló durante una vida de sumisión y dolor. Su poder, se dio cuenta con un escalofrío, no nacía de la esperanza, sino de las cicatrices más profundas de su ser.
Por años, se creyó débil. Ahora entendía que lo suyo no era debilidad, era hambre contenida. Y el hambre ruge antes de devorar.
Con una claridad que le cortó la respiración, revivió su primera noche con Lucian. No fue un acto d