Leah no pudo cerrar los ojos. Agitada, respiraba con esfuerzo. Vio a Lucian dirigirse a Noah, y eso bastó para que su cuerpo se estremeciera.
Se esforzó por concentrarse. Por traer una visión, lo que fuera.
De pronto, el puñetazo certero de Lucian contra la barbilla de Noah la volvió a desconcentrar.
—No eres más que m****a con patas. Una puta alimaña cobarde. ¿Y sabes lo que hace la m****a? Se pudre y apesta. Apestaste todo lo que tocaste. No te bastó con vivir, ¿verdad? Tuviste que ir y cla