Leah no podía parar de llorar. Se sentía culpable. Si tan solo pudiera invocar una visión y conocer cómo operaba la profecía, las circunstancias serían diferentes.
—Si su ánimo no mejora, el cachorro se pondrá mal. Debe hacer un esfuerzo —le dijo Amira, y dejó un plato de comida en la mesa de madera.
La vidente se limpió las lágrimas. Se dijo que, si quería hacer algo, debía alimentarse, y luego del nacimiento de su hijo vería la manera de entender la profecía.
…
Esa noche, Leah recibió