Aurora intervino con un grito desgarrado y asestó dos golpes secos en el rostro de Noah.
—¡SUÉLTALO! Vas a matarlo —intentó estrangular al alfa; sus uñas se clavaron en su cuello.
Ella era ágil, pero su fuerza no se comparaba con la furia contenida de Noah. En su desesperación, una idea venenosa cruzó su mente: usar a la vidente como rehén.
Noah leyó sus intenciones como si estuvieran escritas en el aire. Se movió con la velocidad del rayo. Se interpuso entre Aurora y Leah antes de que la