Noah se desplazaba por la espesura del bosque en su forma lobuna. Su pata trasera no tocaba el suelo. La herida en ella todavía no sanaba.
Lucian le había medio creído su farsa sobre el hombre de Cruor que secuestró a la vidente para vengar a su señor.
Sin embargo, el ultimátum fue dado:
“Si no me traes a esa perra asquerosa la próxima vez que te vea, te sacaré el corazón”, le dijo el alfa demonio.
Todo estaba en su contra. La única posibilidad era llevar a Leah al otro lado del mundo y lue