La visión llegó…
Su cuerpo se sintió pesado, pero al menos tuvo un poco de control.
Karluz se limpió la baba de la quijada y en su rostro apareció una expresión divertida.
—Los físicamente débiles solemos tener una resistencia mental formidable —le dijo, y eso, más que una amenaza, parecía un reto.
Karluz la miró fijamente. De su boca salía esa neblina negra.
Los ojos de Leah comenzaron a perder ese brillo azulado. Ella se esforzaba por mantenerlo; el color titilaba.
Sus manos temblaban y