Leah se derretía en los labios del alfa Noah.
Lo notaba ansioso, desesperado. Se separó de ella solo para quitarse la rugosa camisa de lino.
Leah contempló su pecho desnudo, que parecía esculpido en mármol; cada músculo estaba definido con una precisión impecable.
Ella tragó saliva.
Antes de procesar esa imagen, el alfa Noah comenzó a quitarse su cinturón de cuero.
Lo miró con ojos desorbitados, sin creerlo.
De pronto, Noah se detuvo y la vio con un brillo animal en sus ojos… uno que prometía m