Noah seguía confundido.
Los efectos del incienso y de los brebajes todavía hacían estragos en su cuerpo. La cabeza le zumbaba, el pecho le ardía y los pensamientos llegaban a destiempo, como si no le pertenecieran.
Escuchó un alboroto a lo lejos. Voces elevadas. Órdenes bruscas. Pasos acelerados que iban de un lado a otro.
Lo único que se le ocurrió fue hundir las manos en la tierra. Ocultar su olor. Fundirlo con la naturaleza.
Se cubrió el pecho, los brazos, el rostro. Arrastró un poco de bar