El líder de los guardias del turno se abrió paso entre los asistentes con paso firme. La rabia se le marcaba en la mandíbula apretada, en los nudillos tensos. No pidió permiso. Se plantó frente al círculo de los lobos del Norte con el ceño fruncido y la voz áspera.
—Si alguno de sus malditos guerreros se llevó a la compañera del alfa Lucian, más vale que la suelten ahora. —Su mirada recorrió a cada uno, desafiante—. Si cooperan, puede que su castigo sea solo doloroso. Si no… —hizo una pausa sec