Un extraño aroma. Hierbas, flores, pasto. ¿Acaso era dulce o fétido?
Noah no apartó su vista del ser extraño.
—Da la cara, cobarde de m****a —lo retó.
Entonces el ser que se escondía entre los árboles avanzó.
Noah quedó pasmado, sin creer lo que sus ojos veían.
El cabello castaño, los ojos cafés claros y la nariz. Los pómulos.
»¿Qué haces aquí, oráculo?
—Yo… escuché ruidos afuera —Leah ladeó la cabeza—. Tuve miedo. Aquí los problemas ocurren en un parpadeo.
—Sí, así es. Por eso no debes