El silencio cayó.
El alfa Noah rompió el contacto físico como si su mano se quemara si seguía aferrado a la barbilla de esa vidente.
Desvió la cara, y la confusión reinaba en su mirada. Al menos durante un par de segundos.
Tan pronto como la máscara de piedra y crueldad volvió a él.
La miró. Con furia. Con una emoción que no nombró, pero que ardía en sus pupilas como fuego negro.
—Tienes prohibido pensar en él. Hablar de él. Nombrarlo. —Maldición, hasta en ese estado furioso comprendía lo a