La loba aprovechó la confusión del alfa para enterrarle las garras en el pecho. La sangre brotó. Noah ni se inmutó. Apretó los dientes. Su respiración se aceleró.
La realidad se fracturaba como vidrio a punto de estallar. Todo a su alrededor se desdibujaba, el paisaje se quebraba sin saber qué versión debía existir.
—No, alfa, no debes ser agresivo conmigo —dijo la loba, y su lengua recorrió su labio superior. Sugerente. Provocativa.
Era la voz de Leah. El rostro. El olor.
Pero no era ella. No