Las facciones del alfa se crisparon.
—¿De verdad me crees tan imbécil, Cassian?
—No, alfa —Cassian carraspeó en busca de una excusa perfecta.
Por su bien, Noah se concentró por completo en Leah.
—No es nada. De verdad. Voy a dormir. —Ella intentó levantarse e irse, pero el agarre del alfa en su muñeca la mantuvo en su lugar.
Debido a la vergüenza, no pudo ni quiso ver al alfa a los ojos.
Noah volvió a obligarla a mirarlo. Su mano enorme contrastaba con la delicada barbilla de la jove