El alfa Noah cruzó la zona con pasos firmes. Su sola presencia bastaba para que varios lobos retrocedieran.
Su mirada afilada se clavó en una figura al borde del círculo de entrenamiento. Michelle, con la respiración agitada y las pupilas dilatadas, tenía el cuerpo tenso y los puños cerrados, como si estuviera a punto de lanzarse otra vez.
A su lado, Aurora apenas se sostenía. La camisa blanca presentaba manchas de sangre en un costado. Sus botas estaban enlodadas y el pantalón oscuro rasgado e