Leah, junto a los cachorros, observó al alfa Noah alejarse entre las montañas al lado de aquel lobo anciano.
Su corazón latía con fuerza. Sus manos, a pesar del frío, sudaban. Y en su cabeza se repetía una y otra vez la imagen del alfa Noah con Aurora, la loba valerosa y perfecta de cabello rojizo oscuro.
Entró a su pequeña habitación y rodó en la cama. No había manera de conciliar el sueño. Nervios. Estrés. Ansiedad. Y otros sentimientos que se aferraban a sus entrañas.
—Altísimo, por fav