025 Perdóname...
Ezra estaba de pie en el jardín del alfa, tenso, con el rostro endurecido por todo lo que no había dicho. Noahlím lo miraba como si no pudiera decidir si quería golpearlo o abrazarlo.
—Eres un cobarde, un idiota, un imbécil, un estúpido —le escupió ella, con los ojos brillantes de furia—. Te vas y dejas todo así. ¿Y qué hay de esa servidora? ¿La que tenías encima esa madrugada? ¿Te escapas con ella? ¿Vas a vivir de sanar a los forasteros?
Ezra apretó la mandíbula.
—No pasó nada con ella.
—¡Clar