Ezra terminó su turno mucho antes de lo habitual. No pronunció palabra al despedirse. Caminó con el ceño fruncido y las manos dentro de la túnica. En todo su cuerpo se notaba una ansiedad que no lograba ocultar. Los gestos eran torpes. La respiración, irregular. El modo en que miraba por encima del hombro cada tanto lo delataba.
Fue en busca de Seren.
Lo encontró cerca del claro, justo donde los guerreros hacían guardia entre rotaciones. Seren le habló, pero Ezra no respondió con claridad. Dij