Noahlím se giró despacio. Su rostro mostró sorpresa. No entendía sus palabras, solo observó el rostro del sanador, rojo, y su ceño fruncido.
Ezra avanzó dos pasos. La ira le tensó el cuerpo.
—¿Te vas a casar con el heredero del Oeste?
Ella no respondió de inmediato. Solo lo miró. Largo. Como si intentara leerle el alma.
—Así que no me visitas y cuando lo haces es para interrogarme como si hubiera cometido un crimen. —Alzó una ceja, con ese gesto burlón que siempre lo descolocaba—. ¿Por qué tend