Ezra no supo qué decir. Mantuvo los ojos fijos en el fuego. Por un momento, se sintió torpe, fuera de lugar.
Y Seren, como siempre, tranquilo.
—Aquí no tenemos esas costumbres. En el Este preferimos ser recatados en ese aspecto —era su manera sutil de dar a entender que era virgen.
Seren soltó una carcajada.
—¿Me llama promiscuo, maestro sanador?
—No. Y no me llames maestro sanador —Ezra se acomodó la túnica—. No soy nadie para juzgar a los demás. Si esa es tu forma de vivir, está bien. Solo