La intuición aguda de Marina se activó al instante. Sin pensarlo, llevó de inmediato las manos al rostro, mientras sus mejillas adquirían un intenso tono carmesí. Al levantar la mirada, observó al hombre que se acercaba con la calma habitual que lo caracterizaba.
—Acabo de pensar en un nombre para el bebé —dijo, intentando ocultar en ese momento el nerviosismo que impregnaba su voz.
El hombre esbozó una leve sonrisa y, con un movimiento relajado, se dejó caer a su lado en el sofá. Apoyó un brazo