El hombre la miró fijamente durante unos cuantos segundos y, con un movimiento rápido y decidido, le arrebató la pizza que intentaba comer a escondidas.
—Alguien se encargará de eso pronto. Tú, come lo que te corresponde.
Marina no mostró ningún signo de molestia ante el gesto. En lugar de eso, se elogió mentalmente por haber reaccionado con astucia. Mientras tanto, luchaba por controlar la fuerte tensión que empezaba a apoderarse de ella.
Por la tarde, Marina debía recibir un tratamiento intrav